A continuación encontrarás cinco preguntas que ayudan a evaluar cualquier inversión con más claridad.
No se trata de un producto ni de una recomendación puntual, sino de un marco práctico para entender qué tan estructurada está una inversión y si realmente encaja con tu situación.
Estas preguntas se agrupan en cinco aspectos clave que suelen analizarse en inversiones estructuradas: el respaldo y la gestión, el nivel de riesgo, la diversificación, la forma en que se generan las rentabilidades y el tiempo de la inversión.
Antes de pensar en rentabilidad, conviene entender en qué se invierte el dinero, quién lo administra y bajo qué tipo de estructura se gestiona.
Muchas personas toman decisiones sin tener claridad sobre qué respalda realmente su inversión y cómo se controla el uso de los recursos.
Qué se debe tener en cuenta:
Por lo general, cuando se habla de respaldo y gestión, se busca que la inversión esté administrada por un gestor con experiencia, con presencia local e internacional, y que cuente con una estructura de respaldo independiente, como una fiduciaria o un vehículo de inversión regulado.
En el caso de inversiones inmobiliarias, por ejemplo, el respaldo suele estar dado por inmuebles que existen y pueden identificarse claramente. Estos bienes sirven como soporte de la inversión y ayudan a que esté basada en algo tangible y verificable; esto aporta mayor claridad sobre qué respalda la decisión.
Existe una diferencia importante entre invertir en algo que ya está operando y generando ingresos, y hacerlo en proyectos que dependen de que ciertas condiciones se cumplan en el futuro para empezar a funcionar. Esa diferencia tiene un impacto directo en el nivel de incertidumbre que asume quien invierte.
Qué se debe tener en cuenta:
En inversiones estructuradas, cuando se busca reducir el riesgo, suele priorizarse que la inversión esté respaldada por proyectos o negocios que ya están en marcha y generando ingresos reales, en lugar de depender únicamente de proyecciones, valorizaciones futuras o escenarios que aún no se han materializado.
Por ejemplo, en el sector inmobiliario, no es lo mismo invertir en un proyecto que todavía debe construirse, que hacerlo en inmuebles que ya existen y están operando.
En el primer caso, el resultado depende de que muchas cosas salgan bien en el futuro; en el segundo, el riesgo suele estar más ligado a la gestión y operación de algo que ya funciona.
Cuando una inversión depende de un solo factor, cualquier cambio en ese entorno puede afectar directamente su resultado.
Esto puede ser un cambio económico, político, cambiario o incluso regulatorio.
Qué se debe tener en cuenta:
En la práctica, diversificar significa no depender de un solo escenario.
Por ejemplo:
- no depender únicamente de la economía o las condiciones de un solo país,
- no depender de una sola moneda,
- y no depender de una única forma de invertir.
Cuando una inversión está distribuida entre distintos países, monedas y formas de inversión, su desempeño no queda atado a una sola situación económica o política.
Esto no elimina el riesgo, pero sí ayuda a reducir el impacto cuando alguno de estos factores cambia.
Muchas personas se enfocan únicamente en el porcentaje de rentabilidad, sin detenerse a entender de dónde proviene ni en qué momento se espera recibirla.
Qué se debe tener en cuenta:
En general, conviene entender si la rentabilidad de una inversión:
- proviene de ingresos que se generan de forma periódica, como pagos o rendimientos recurrentes,
- depende de que el valor de la inversión aumente con el tiempo,
- o está sujeta a que ocurra algo específico en el futuro para poder materializarse.
Como referencia general, en el mercado existen opciones conservadoras, como los CDT, cuyas rentabilidades suelen ubicarse en rangos aproximados entre 4% y 8% anual, dependiendo del plazo, la entidad y las condiciones del mercado. También están las inversiones inmobiliarias tradicionales, que pueden generar ingresos más estables, pero cuyos retornos por arriendo suelen moverse, en términos generales, entre 5% y 9% anual, dependiendo de la ubicación, la ocupación y los costos asociados.
Junto a estas alternativas, existen modelos de inversión estructurados que buscan equilibrar oportunidad y riesgo, combinando ingresos periódicos, mensuales o trimestrales, con niveles de rentabilidad superiores al promedio del mercado, que en algunos casos pueden ubicarse en rangos cercanos al 18% anual. Estas estructuras suelen apoyarse en activos que ya están en operación, más que en expectativas futuras.
Tener claridad sobre estos puntos permite comparar inversiones con mayor criterio y tomar decisiones más informadas.
Al evaluar una inversión, no solo importa el tipo de resultado que se espera obtener, sino también en qué plazo tiene sentido evaluar su comportamiento y bajo qué condiciones se toma la decisión.
Qué se debe tener en cuenta:
Al analizar el tiempo de una inversión, conviene tener claro:
- durante cuánto tiempo se espera mantener el capital invertido,
- en qué momento es razonable evaluar su desempeño,
- y bajo qué condiciones se puede salir o ajustar la decisión.
En términos generales, movimientos de capital en períodos muy cortos suelen estar más expuestos a variaciones de mercado y a decisiones tácticas, por lo que se acercan más a dinámicas de corto plazo que a una inversión estructurada.
Por otro lado, períodos de inversión mejor definidos, como aquellos cercanos o superiores a un año, permiten evaluar con mayor claridad el desempeño, mientras que plazos más amplios, como tres años, suelen ofrecer mayor estabilidad para la gestión y la planificación operativa y fiscal.
Tener claridad sobre estos plazos desde el inicio ayuda a alinear expectativas y a tomar decisiones con mayor criterio.
Para quienes invierten desde Colombia, estas preguntas ayudan a poner en contexto qué significa tomar una decisión de inversión bien estructurada, especialmente cuando se evalúan alternativas que permiten acceder a mercados inmobiliarios fuera del país bajo esquemas formales.
Bajo este enfoque, existen modelos que integran respaldo inmobiliario, gestión profesional, diversificación por país y moneda, generación de ingresos periódicos y horizontes de inversión definidos, sin requerir los grandes capitales que normalmente exige la inversión inmobiliaria tradicional.
Los REITs (Real Estate Investment Trusts) funcionan bajo esta lógica: permiten invertir en portafolios inmobiliarios que ya están en operación, con reglas claras sobre cómo se administran los activos y cómo se generan los retornos. Dentro de este marco, REITS Index de Momentum aplica estos principios como una alternativa para quienes buscan invertir con criterio, diversificación y una estructura clara.
Si quieres ver cómo este enfoque se traduce en una alternativa concreta de inversión, puedes conocer más sobre REITS Index de Momentum:
Nota informativa: La información presentada tiene fines educativos y no constituye asesoría personalizada de inversión. Las referencias a rentabilidad, plazos o estructuras son informativas y pueden variar según el perfil del inversionista y las condiciones del mercado. Para una evaluación adecuada, es recomendable considerar orientación profesional acorde a su situación particular.